ediMe llamo Alberto Uría, sufro daños de oso y abogo por la conservación

Esta es una carta abierta a todo aquel que quiera leerla o pensar acerca de daños causados por animales salvajes y la actitud que toman ante estos daños tanto quienes los ven desde fuera como quienes los sufrimos directamente.

Escribo esto tras llevar sufriendo ataques de oso las últimas dos semanas, el último hace sólo tres noches. Me creo con autoridad moral para escribir esto por llevar cinco años seguidos sufriendo daños causados por él. No me avergüenza confesar que tuve que secar unas cuantas lágrimas al ver a mis animales apiñados en el sueño languideciendo agarrados a un trozo de lo que antes era una colmena. Vivo de mis colmenas y el que me conoce sabe que no vendo nada que no salga de ellas, así que estos ataques van a mermar y mucho mi producción anual.

Cada colmena es distinta, las hay buenas, malas y regulares. Un buen manejo continuado en el tiempo hace que cada vez tus colmenas se parezcan más a lo que quieres que sean. Se dice “las abejas no conocen al amo”, pero la vida te enseña que tener cariño a algo o a alguien no es algo necesariamente recíproco. Ellas tienen otra forma de querer, solo aman a las flores y al sol.

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No soy un teórico que hable desde lo que no sufre. Soy una persona que sufre daños y aboga por la conservación. Vivo en una zona donde también viven osos y entiendo que un animal no daña con afán de destruir sino siguiendo su instinto más primario, el de su propia supervivencia. Las medidas de defensa que se toman a veces no son suficientes o fallan pero eso no debería hacer que la gente quiera eliminar osos, lobos, o cualquier animal que habite su entorno, sino reforzar y mejorar esas defensas.

Estoy cansado de tanta demagogia acerca del amor sobre la naturaleza y sobre vivir y producir en el campo. Estoy cansado de seres humanos que sintiéndose una supraespecie quieren eliminar todo lo que menoscabe sus intereses económicos, estoy cansado de quien saca pecho por vivir en un espacio natural pero sólo quiere las ventajas y ninguno de los inconvenientes que ello conlleva. Estoy harto de quién se toma la justicia por su mano y cuelga animales de las señales de tráfico o los exhibe muertos a modo de amenaza o “yo que sé qué”. Creo que el futuro pasa porque el consumidor se esfuerce en conocer a los productores, su actitud y sus motivaciones. Me pregunto a veces si la gente seguiría comprando lo que hace un productor si supiese lo que piensa o le gustaría hacer con lobos y osos.

Esta semana es una de esas semanas duras, difíciles, donde tienes que mirar en tu interior para sacar fuerzas donde no las hay, pero sé que seguiré adelante con todas mis convicciones, incluida la del respeto a todos los animales que me rodean.

Alberto Uría.