Cilindros de piedra en mitad de la nada, agotados, maltrechos, abandonados. Altas torres cuadradas, innacesibles ya, desde que se pudrió la escalera que permitía subir a ellas. Piedra tras piedra sin más unión que el saber y el cariño con que fueron colocadas siglos atrás. Dentro de ellos sobreviven troncos huecos, antaño poblados por miles de insectos, las abejas. Hoy, trozos de madera inservibles que aguantan sobre sí una losa de pizarra.

La apicultura tradicional asturiana es un patrimonio de todos. La importancia que las abejas tuvieron en el Suroccidente asturiano tanto a nivel económico como cultural hicieron hace siglos que los “abeyeiros” creasen dos elementos arquitectónicos –los “cortinos” y los “talameiros”– que protegiesen sus “trobos” (colmenas antiguas) de los ataques del oso.

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Abeyeiro” era el que entendía a las abejas. Un oficio ancestral basado en el respeto al animal. Las abejas juegan un papel fundamental en la conservación del medio ambiente, ya que gracias a la polinización que hacen, las plantas se fecundan y pueden dar frutos y semillas fértiles, por ello es tan importante defender modelos de apicultura extensiva, donde las colmenas permanezcan siempre en el mismo entorno y por tanto polinicen toda la cobertura vegetal del lugar, un modelo más responsable y más sostenible.

En esta parte del mundo, vivimos en un paisaje salpicado de colmenas, algún cortín sobrevive en las laderas, otros ya rendidos son engullidos por la vegetación. La mayoría de ellos son sólo un montón de piedras incapaces de defender nada frente a nadie. Se encuentran en estado de abandono tanto por la dificultad de acceder a ellos con comodidad, como por el cambio de modelo productivo, por lo que se hace fundamental tratar de preservarlos, recuperarlos y ponerlos en valor como parte de nuestra historia que son; y porque no, utilizarlos para el fin por el que se hicieron, defender a las abejas frente al mayor de nuestros carnívoros.

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Un acuerdo de Custodia del Territorio entre la empresa asturiana “Outurelos”, Jaime Peña, propietario de un cortín de casi 500 años de antigüedad y derruido desde hacía 60 años, y la Asociación de Ciencias Ambientales, dió lugar a un Proyecto para recuperar dicho cortín y llenarlo de colmenas, volviendo a llenar el valle de Villarmeirín (Ibias, Asturias) de polinizadores que a día de hoy contribuyen a la mejora del hábitat de especies como el oso pardo y aves en estado vulnerable como el urogallo y el pito negro.

En 2014 se acabó la reconstrucción del Cortin de “El Somo”, enmarcada en la línea de actuaciones del Life Urogallo Cantábrico para preservar su hábitat, pero el verdadero trabajo es darle continuidad al cortín cuidando cada día a las abejas que lo habitan para que todo el monte se pueble de infatigables insectos que llenen de vida cada flor.

Cortin Outurelos

Continuará……….