¡Aquí comenzó todo! Esta ruina es parte de la casa en la que nacieron mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y mi tatatarabuelo. Tras estos muros vivían tres enjambres de abejas que mi tío consiguió meter en tres “trobos” -así se llaman por aquí  las colmenas antiguas-. Ya de niño, me sentaba a observar como las abejas entraban y salían de aquel misterioso tronco hueco al que convenía acercarse con cuidado. Hoy, treinta años después, sigo fascinado por esos insectos. Aquel fue mi primer contacto con la apicultura y hoy en día, ya no entiendo mi vida sin ella.

El País del Abeyeiro 01

Viendo esta imagen, es difícil imaginar que bajo esa inmensa hiedra, aún resiste una edificación que añora recuperar su vida y su esplendor. Aquí se guardaban los aperos de labranza,  la paja, las gallinas, los cerdos  y el caballo que había en casa. Años después, y tras emprender el camino hacia la ciudad, el agua empezó a penetrar entre las “lousas” que lo cubrían y el techo empezó a ceder.

El País del Abeyeiro 02

Hoy, el abandono que sufrió en las dos últimas décadas va a dificultar su recuperación y reconstrucción. Pero asentado en esos muros de siglos de antigüedad descansa un proyecto meditado y soñado. Llevo muchos años peleando por esta idea y por este sueño, pero es la primera vez que me decido a compartirlo con todos. Este es sólo el comienzo del camino y queda mucho trabajo por delante, pero no se me ocurre mejor lugar que éste, en el que todo empezó,  para crear “El País del abeyeiro”. Bajo ese nombre se esconde el proyecto de mi vida, crear un lugar de encuentro, un ecomuseo y un centro de trabajo que todos podréis venir a conocer.

 

El País del Abeyeiro 03

Continuará…